miércoles, 11 de mayo de 2011

LAS COMUNIDADES DE PRÁCTICAS ENCUENTRAN UN GRAN APOYO EN LAS TIC

Si bien es cierto que las comunidades de práctica no son un tema nuevo, sí se debe reconocer que el auge de las nuevas tecnologías les ha dado a estas comunidades un segundo aire o una nueva etapa en su evolución. Las TIC  han apoyado el proceso de aprendizaje que se da dentro de las comunidades de práctica en especial porque las nuevas tecnologías son hoy un tema del día a día. Así mismo, según el texto Digital Habitats (Wegner, 2009), el aprendizaje es hoy visto como una parte integral de nuestras vidas. A veces éste requiere de un esfuerzo; a veces ni siquiera es nuestra meta. Pero siempre permea lo que somos, lo que hacemos, con lo que nos queremos conectar y en lo que nos queremos convertir; y en todas estas actividades por lo general terminamos encontrándonos con las famosas TIC.  

Las  nuevas tecnologías han llegado a replantear la forma como las comunidades se organizan; de igual manera, demarcan límites y relaciones que pueden variar las dinámicas de participación y legitimidad. Permiten que grandes grupos compartan información e ideas al mismo tiempo; al igual que ayudan a grupos más pequeños con dominios más limitados y especializados a funcionar de manera exitosa. Por otra parte, las nuevas tecnologías permiten que las comunidades se den a conocer públicamente, expandiendo fronteras, pero al mismo tiempo, permiten que se generen espacios privados que son diseñados sólo para miembros exclusivos. Es decir que las nuevas tecnologías promueven varias formas para delimitar el acceso ya sea creando intimidad o privilegios, o ampliando la periferia de un grupo.

Que las comunidades de práctica se apoyen en las TIC les permite reconocer qué retos tiene la comunidad al tener que evaluar los posibles usos de tecnología, ya que deben articular el uso de nuevas herramientas para cumplir con esos retos. Wegner (2009) propone abordar el tema de la tecnología en las comunidades de práctica a través de tres polaridades, nueve orientaciones y siete estrategias, que a mi modo de ver pueden existir independientemente del uso de la tecnología, en particular los primeros dos temas. Considero que la revisión de estos conceptos permite generar un diagnóstico de la comunidad y planear hacia dónde se quiere llegar o si se desea continuar ahí.

En cuanto a las polaridades, la primera polaridad hace referencia al ritmo. Los dos polos de este primer concepto son unión y separación. Esto describe la forma como se mueve la comunidad. La segunda polaridad se refiere a la interacción. Recordemos que el objetivo principal de muchas comunidades es generar algún tipo de conocimiento; así que la interacción es importante en la medida en que se de un balance entre la participación y la materialización para que ese conocimiento se de. Muchas comunidades de práctica o grupos que podrían evolucionar a una comunidad de práctica se quedan sólo en la participación. Finalmente, está la identidad. Esta polaridad se ubica entre el trabajo individual y el trabajo en grupo a la hora de generar ese conocimiento.  

En el caso particular del grupo de docentes de idiomas con el que trabajo, encuentro con respecto al ritmo que se maneja exclusivamente el polo de unión ya que todos los encuentros son presenciales. La interacción es solamente participativa ya que no se da ningún proceso de materialización. Por último, la identidad es individual; ya que aunque el ritmo está inclinado hacia la unión, las reflexiones y usos que se den de los encuentros se dan de manera individual. Una vez se ponga en marcha la propuesta de la creación de la comunidad de práctica se espera que el ritmo del grupo se desplace un poco hacia la separación, la participación se incline hacia la materialización, y que la identidad pase de ser individual a grupal. Estos ajustes serán propuestos a través del uso de herramientas tecnológicas que permitan encuentros asincrónicos, que faciliten la recolección de información y memorias y que apoyen el trabajo colaborativo.

Ahora bien, a la vez que existen esas tres polaridades, las comunidades de práctica tienen también una orientación que describe el patrón común de actividades y conexiones a través de los cuales los miembros viven su comunidad. El libro Digital Habitats describe 9 orientaciones (reuniones, conversaciones abiertas y sin fin, proyectos, contenido, acceso a expertos, relaciones, participación individual, cultivación de la comunidad y apoyo a un contexto) que reflejan la importancia que las comunidades le dan a los diferentes propósitos para permanecer unidos. Estas orientaciones no son excluyentes las unas de las otras, y pueden cambiar a través del tiempo. Conocer la(s) orientación(es) de una comunidad facilita reconocer el uso de herramientas tecnológicas necesarias.  

Una vez los miembros de una comunidad de práctica decidan hacer uso de nuevas tecnologías, existen 7 estrategias propuestas por Wegner que orientan la adquisición de dicha tecnología según las necesidades y condiciones de una comunidad. La primera estrategia se centra en usar lo que se tiene y sacar de eso lo mejor. Esta estrategia es ideal para aquellas comunidades que no cuentan con un apoyo. La segunda estrategia se refiere al uso de herramientas gratuitas que se puedan encontrar en la web. Esta posibilidad es práctica para aquéllos que además de no contar con presupuesto no cuentan con soporte técnico. Desafortunadamente, pueden llegar a encontrarse con algunas limitantes en cuanto a capacidad y ciertas restricciones. La tercera estrategia hace referencia al uso de plataformas empresariales como los LMS (learning management systems) ofrecidos por instituciones educativas. La ventaja de esta estrategia es que no hay costo económico y se cuenta con soporte técnico. La cuarta estrategia ya requiere de un presupuesto con el que se pueda adquirir una plataforma comercial. Es recomendable analizar cuidadosamente las necesidades de la comunidad para poder decidirse por la plataforma adecuada. Construir una propia plataforma es la quinta estrategia, la cual requiere no sólo de presupuesto sino de expertos en el tema. La sexta estrategia aborda el uso de software abierto (OS), el cual aunque es gratuito requiere de programación, lo cual puede ser una limitante. Finalmente, la séptima estrategia se refiere al “remiendo” de varios elementos. Con tantas posibilidades que hay hoy en día, la comunidad de práctica puede hacer selecciones diferentes y generar sus propias herramientas y estrategias de uso de tecnología.

Podemos concluir después de este recorrido que el uso de las nuevas tecnologías ayuda al análisis y desarrollo de una comunidad de práctica al tener que definir en qué polaridad se encuentra, qué orientaciones tiene y qué estrategia de adquisición seguirá al momento de pensar en la implementación de dichas herramientas. Reconocer estos aspectos permite orientar y definir mejor la comunidad. Al hacer el análisis de la implementación de tecnología, se requiere realizar un diagnóstico y un análisis de la situación, condición y necesidades de la comunidad. Este ejercicio será siempre de beneficio para la comunidad de práctica.  

REFERENCIA

Wenger, E. White, N., Smith, J. (2009). Digital Habitats. Stewarding technology for communities. Cap 1, 5, 6 y 8

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