IMPLICACIONES INDIVIDUALES
Diana Puentes
Raquel Bretón
Recordemos el tercer desafío: “¿Cómo podría responderse, desde distintas iniciativas educativas, a la formación de competencias para el mercado laboral de la sociedad actual, caracterizada por la revolución tecnológica?” Continuando con el análisis de este tercer desafío, vimos en clase las razones por las que se llega a éste. En una segunda parte de la clase, revisamos las implicaciones desde los aspectos empresariales, individuales, educativo y de desarrollo local. En este documento vamos a abordar las implicaciones individuales apoyadas en los planteamientos de los autores analizados en las primeras lecturas.
Como primer aspecto o implicación, vemos que hoy en día, debido a las necesidades laborales y a los avances a todo nivel, en especial en tecnología, los individuos deben hacer más inversión de tiempo y de recursos en educación. Antes, un pregrado era suficiente, algunos hacían especializaciones y de ahí en adelante se dedicaban a trabajar. Hoy, las cosas son muy diferentes; Castells afirma que hoy en día, se calcula que una persona cambiará, no de puesto de trabajo, sino de profesión, más o menos cuatro veces. Lo cual implica que las personas deben tener la habilidad para redefinirse a sí mismos y a las cosas que hacen, volver a aprender y no quedarse obsoletas (Castells, 19999). Esto sólo se logra a través de más educación y/o capacitaciones, aprendiendo ya sea en ambientes institucionales o no institucionales; en cualquier caso, es una inversión de tiempo y de recursos económicos.
En consecuencia, tenemos una segunda implicación que tiene que ver con cambios en los estilos de vida. Debido a las nuevas formas y exigencias del trabajo, vemos que las personas ahora se están individualizando, alejándose de las tradiciones que traían sus padres. Por un lado, vemos que las mujeres ahora son parte fuerte del mercado laboral. Al estar participando ahora en ambientes de trabajo en cargos iguales o superiores a los de los hombres, las estructuras de las familias también han cambiado. Carnoy analiza la situación y afirma que se está dando un cambio social; las familias, comunidades locales e instituciones políticas son cada vez menos capaces de restablecer el equilibrio social de quienes la han perdido a causa de la individualización del trabajo y de los drásticos cambios de las relaciones de género (Carnoy, 2000).
Esa capacidad de individualización sumada a la revolución de las comunicaciones que nos permite ahora estar siempre conectados, nos está desconectando de la interacción social. Las personas ya no hacen amigos en sus barrios y/o vecindarios y poco comparten con la familia. Los amigos ahora son temporales ya que la gran mayoría de los amigos son los mismos compañeros de trabajo, ¿pero qué pasa cuando se cambia de trabajo? Los amigos quedan atrás y se hacen nuevos amigos (Carnoy, 2000).
Se está afectando no solo el contorno social sino laboral de las personas. La individualización de la fuerza de trabajo genera relaciones muy individualizadas; aquellos trabajadores mejor cualificados no tendrán problemas para adaptarse a estos nuevos cambios, pero todos los demás perderán capacidad de negociación, porque como dice Catells, “si no quieres tú, mira la cola que tengo” (Castells, 1999).
Castells afirma que la tecnología nos permite trabajar menos y producir más (Castells, 1999). Sin embargo, muchos de nosotros nos estamos sintiendo esclavos al tener que trabajar más, y sí, habrá más posibilidades de educarse, conocer más, saber más, ser mejores profesionales, pero no podemos ni debemos olvidar la vida personal y toda la parte social y familiar; cada vez se ven más caso de insatisfacción a nivel personal debido a la gran dedicación que se le está dando al trabajo y al estudio… la pregunta es, entonces, si la tecnología en realidad nos está ayudando. Vale la pena, analizar lo que dice Castells y que puede ser una luz para responder a esa pregunta: El renacimiento del individuo, con mayor libertad e iniciativa autónoma, libera a las personas de las burocracias, de las ataduras, muchas veces excesivas, de las redes microsociales del entorno laboral y de las relaciones, sumamente desiguales, que dominan las familias. Sin embargo, esta libertad recién encontrada sólo puede disfrutarse si formas alternativas de organización social proporcionan a las personas una red de relaciones sociales que puedan servir de apoyo psicológico y de base para la interacción. Está en juego todo el sistema de relaciones entre estas piedras angulares de nuestras sociedades (Castells, 1999).
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